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Crónica de la Cosecha: Trabajo en equipo, naturaleza y comunidad

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Un comienzo temprano y colaborativo

La cosecha comenzó con gran entusiasmo. Éramos seis en el primer turno, desde las 7 de la mañana hasta el mediodía. Durante esas horas, recogimos 300 kilos de uva, rodeados de cultivos de cobertura y con algunos divertimentos agradables para visitar el «Seto Comestible» que estamos creando. ¡Estamos especialmente agradecidos a los vecinos que vinieron a ayudarnos!

El equipo del viñedo regenerativo también hizo un excelente trabajo preparatorio, preparando los caminos para que la tarea fuera mucho más suave. Además, Mike, nuestro enólogo, nos proporcionó cestas y tijeras, que facilitaron el proceso. Tuvimos la suerte de empezar temprano, antes de que el sol fuera demasiado fuerte, evitando la actividad de las avispas que suelen aparecer bajo la luz solar directa. El ambiente era tranquilo, productivo y alegre.

A las 12:30 terminamos, subimos juntos, cocinamos y compartimos una comida. Por la tarde, algunos fuimos al río a descansar.

Un segundo día más exigente

El sábado volvimos a empezar a las 7 de la mañana, aunque esta vez el trabajo era más complicado. Tuvimos que vendimiar en campos sin preparación ni caminos, lo que nos retrasó. También trabajamos en las parcelas de tempranillo, donde las uvas estaban más secas y eran menos abundantes, lo que significaba más esfuerzo para un rendimiento menor.

Recorrimos casi todo el viñedo, excepto un rincón del Campo F, que estaba cubierto de una densa vegetación anisada y lleno de avispas. Algunos intentamos entrar, pero finalmente decidimos abandonarlo por motivos de seguridad.

En las cepas de Macabeo observamos una llamativa irregularidad: algunas plantas estaban cargadas con siete u ocho racimos grandes, mientras que otras no tenían ninguno.

A pesar de estas dificultades, el ambiente siguió siendo positivo. Aprovechamos los descansos para hablar del proyecto, conocernos mejor y grabar algunos vídeos para mostrar nuestros procesos y todo lo que hemos estado haciendo.

El valor del voluntariado y la unión

Elena hizo un trabajo excelente. Trabajó a su propio ritmo, disfrutando del entorno natural durante los descansos. Fue inspirador ver la satisfacción que encontró en su voluntariado.

Al final del día, viajamos a la bodega, y más tarde bajamos a la playa, donde pasamos un par de horas celebrando nuestro esfuerzo compartido.

Una cosecha más allá del trabajo

En retrospectiva, esta cosecha podría haberse completado en un solo día, ya que el tiempo no era excesivamente caluroso. Sin embargo, nuestra visión holística nos recuerda que no todo consiste en trabajar deprisa.

El equilibrio entre el trabajo duro y el descanso es esencial. El fin de semana no consistió sólo en cosechar: también consistió en conocerse, aprender juntos, pasar tiempo en la naturaleza y crear una reunión significativa. Una experiencia que combina voluntariado y disfrute, reflejando el verdadero espíritu de comunidad.